Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

La posibilidad de Uribe Vélez como vicepresidente: ¿estrategia política o sueño uribista?

El nombre de Álvaro Uribe Vélez vuelve a sonar con fuerza en el escenario político colombiano, esta vez como posible fórmula vicepresidencial para las elecciones de 2026. La propuesta, impulsada por su hijo Tomás Uribe y respaldada por figuras clave del uribismo, ha reavivado el debate sobre el futuro del expresidente, actualmente imputado y a la espera de un fallo judicial que podría definir su destino político.

 

La tesis de Tomás Uribe: “Neutralizar a Petro y Santos”

En un escrito difundido esta semana, Tomás Uribe planteó que su padre sería la figura clave para unir a la oposición frente a lo que califica como el “fracaso del gobierno Petro” y el “deterioro de la seguridad”. Según él, tanto el actual mandatario como el expresidente Juan Manuel Santos estarían conspirando para inhabilitar políticamente a Uribe antes de 2026, conscientes de su influencia electoral.

“La posible inhabilitación de ambos hiere la democracia”, escribió Tomás, refiriéndose también a su primo Miguel Uribe, precandidato que habría sufrido un atentado. Sin embargo, el expresidente Uribe no se ha pronunciado públicamente sobre la idea, concentrado en su defensa judicial ante el fallo que se conocerá el 28 de julio.

 

El respaldo del uribismo: ¿una fórmula ganadora?

La propuesta no ha caído en saco roto entre los aliados del expresidente:

  • Paola Holguín, senadora y precandidata presidencial, la calificó de “muy deseable”.
  • María Fernanda Cabal reveló que ya le había propuesto a Uribe ser “cabeza de lista al Congreso o fórmula vicepresidencial”.
  • Paloma Valencia lo llamó “genio político” y destacó el “fervor” que despierta en sus seguidores.

 

Obstáculos jurídicos y políticos

El mayor escollo para esta eventual candidatura es el proceso judicial que enfrenta Uribe por presunta manipulación de testigos. Una condena lo inhabilitaría políticamente, mientras que una absolución podría relanzar su figura. Además, analistas cuestionan si, a sus 74 años, Uribe aceptaría un rol secundario o preferiría influir desde las trincheras del Centro Democrático.

 

El cálculo electoral

La apuesta uribista parece clara: capitalizar la nostalgia por el auge de seguridad y crecimiento económico asociado a sus gobiernos (2002-2010), en contraste con la polarización actual. Sin embargo, su polarizadora figura también podría movilizar en contra a sectores que lo ven como un símbolo de división.

¿Veremos a Uribe en una papeleta en 2026? La respuesta depende de tres factores:

  1. El fallo judicial de julio.
  2. Su disposición a asumir un rol no protagónico.
  3. La capacidad del uribismo para construir una coalición más allá de su base tradicional.