Un ataque del ejército israelí impactó este jueves la iglesia de la Sagrada Familia, el único templo católico en la Franja de Gaza, causando tres muertos y nueve heridos, entre ellos el párroco argentino Gabriel Romanelli. El incidente ocurrió alrededor de las 10:20 a.m. cuando proyectiles alcanzaron el recinto que albergaba a unas 600 personas desplazadas, principalmente niños y familias vulnerables.
Las víctimas y daños
Entre los fallecidos se encuentran dos mujeres, una de ellas de 70 años, y un hombre. El padre Romanelli, conocido por mantener conversaciones con el difunto papa Francisco durante la guerra, resultó herido en una pierna y fue atendido en el Hospital Al Ahli. Imágenes del lugar muestran el templo reducido a escombros, con solo la cruz principal aún en pie entre las ruinas.
Reacciones y condenas
El Patriarcado Latino de Jerusalén denunció el ataque como una “violación flagrante del carácter sagrado de los lugares religiosos”. Mientras tanto, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu reconoció ante el presidente estadounidense Donald Trump que se trató de “un error fortuito”, según confirmó la Casa Blanca.
El Vaticano expresó su “profunda tristeza” a través del cardenal Pietro Parolin, quien reiteró el llamado a un alto al fuego inmediato. Francia e Italia se sumaron a las condenas, calificando el hecho como “inadmisible”, mientras que Argentina manifestó su preocupación por la seguridad del sacerdote argentino herido.
Contexto del conflicto
Este ataque se produce en medio de una supuesta ofensiva israelí en Gaza, iniciada tras el ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023 que dejó 1,219 muertos en Israel. Según datos del Ministerio de Salud de Gaza avalados por la ONU, la respuesta militar ha causado más de 58,500 muertos palestinos, en su mayoría civiles.
La iglesia de la Sagrada Familia, bajo protección histórica de Francia, era un refugio vital para los aproximadamente 135 católicos que permanecen en Gaza. Su destrucción marca otro capítulo trágico en un conflicto que sigue cobrando vidas civiles y dañando infraestructuras esenciales, incluyendo lugares de culto que deberían ser espacios protegidos según el derecho internacional.
Mientras Israel insiste en que el bombardeo fue accidental, testigos como Shadi Abu Daud, cuya madre murió en el ataque, relatan el horror de ver cómo un tanque israelí abrió fuego contra el templo. La comunidad internacional sigue presionando por una solución pacífica que ponga fin a esta crisis humanitaria.

