La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) imputó como máximos responsables a 34 personas por crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos entre 1986 y 2002 en las regiones de Urabá antioqueño y cordobés, Bajo Atrato y Darién chocoano. Los imputados incluyen ocho exintegrantes de las FARC, 21 miembros de la fuerza pública y cinco civiles vinculados al Fondo Ganadero de Córdoba (FGC).
Esta es la primera decisión donde la JEP vincula conjuntamente a los tres actores bajo su competencia. La Sala de Reconocimiento identificó tres patrones macrocriminales: eliminación por prejuicio enemigo, vaciamiento territorial para facilitar despojo y repoblamiento, y control sociocultural mediante cooptación de estructuras comunitarias.
La investigación documentó impactos diferenciados en pueblos indígenas Emberá, Guna Dule, Wounaan y Zenú, así como en comunidades afrocolombianas. También se evidenció violencia basada en género contra mujeres y personas con orientación sexual diversa por parte de todos los actores armados.
Entre los imputados destacan exdirectivos del Fondo Ganadero de Córdoba: Benito Osorio Villadiego (exgerente), Benito Molina Velarde (expresidente), Luis Gonzalo Gallo Restrepo, Jaime García Exbrayat y Carmelo Esquivia Guzmán (asesor jurídico). Según la JEP, estos civiles desempeñaron un papel central en el despojo y apropiación ilegal de tierras mediante compras masivas en contextos de violencia.
La investigación abarcó 115 informes de organizaciones civiles y estatales, 287 expedientes judiciales, 32 testimonios y análisis de contexto. Se reconocieron 54.600 víctimas, con documentación de casos emblemáticos como la masacre de Pueblo Bello (1990) en Turbo, donde paramilitares y miembros del Ejército asesinaron a 43 campesinos, y la tragedia de Bojayá (2002), donde un artefacto de las FARC causó 98 muertes civiles.
La JEP determinó que estos crímenes generaron daños profundos en proyectos de vida individuales y comunitarios, con afectaciones emocionales, psicológicas, morales y físicas en miles de víctimas que convivieron con miedo permanente y desplazamiento forzado.

