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Nariño: un viaje por volcanes, sabores y memoria

Por: John Acosta Vox.

 

Viajar a Nariño es entrar en un territorio de contrastes: montañas envueltas en neblina, lagunas mágicas y páramos helados que se mezclan con la calidez de su gente. Este rincón del sur de Colombia, hoy uno de los destinos turísticos emergentes más fascinantes de Latinoamérica, sorprende por su naturaleza, su cultura y su gastronomía.

Entre climas, paisajes y hospedajes

En pocas horas de viaje el clima cambia radicalmente: en Consacá el frío baja hasta 5 grados, mientras en Ospina el sol eleva la temperatura a 20. Esa diversidad moldea los cultivos y los sabores. Los visitantes pueden escoger entre la sofisticación de hoteles boutique como Nogal Suite, en Pasto e Ipiales, o la sencillez auténtica de alojamientos rurales como El Arrayán reserva natural, donde el lujo verdadero es el contacto con la tierra.

 

El oro blanco de Guachucal

En Guachucal descubrí la “Ruta de la Vía Láctea”, donde vinos y quesos celebran con orgullo el “oro blanco” de la región. Empresas como Lácteos La Realeza, procesan poco más de 180.000 litros diarios de leche, mientras más de 25 microempresas locales convierten la tradición lechera en motor de turismo. Con el liderazgo de la asociación Morada al Sur, el pueblo se ha transformado en epicentro de innovación y sostenibilidad.

 

Omaira Bonilla: la guardiana de Consacá

En Consacá vive Omaira, campesina y sabedora ambiental, descendiente del pueblo indígena de los Pastos. En las 4 hectáreas heredadas de su padre Don Juan José, ella sola con la ayuda de su madre y hermana, recuperó bosques, cultiva orgánicamente y cría animales con un profundo respeto por la tierra. Como miembro de ASOYARCOCHA, continúa una tradición de 40 años dedicada a la conservación, me cuenta que incluso los niños desde la primera infancia aprenden todo lo relacionado con la tierra, sus bondades, el respeto y preservación de la misma, también me comenta que casi toda la región rural está marcada por la descendencia de los Pastos y Quillacingas, pueblos indígenas que, con diferencias culturales, conviven en armonía ancestral entre si y con la naturaleza.

 

La Cocha: la pequeña Venecia colombiana

La Laguna de la Cocha, también llamada Lago Guamuez, es un espejo de agua de 40 km² a 2.600 msnm. Su corregimiento, El Encanto, combina canales navegables y chalets de madera que evocan una mezcla entre una pequeña Venecia y una pequeña Suiza definitivamente un encanto, de ahí el nombre del corregimiento. Dentro de la laguna yace un secreto: la isla La Corota, santuario de flora y parque nacional protegido más pequeño de Colombia y probablemente uno de los más pequeños del mundo, con apenas 14 hectáreas. Su bosque insular, diverso y sagrado para los Quillacingas, es un lugar donde aún se pide permiso para pisar la tierra.

 

El sabor del cuy

El cuy asado es símbolo gastronómico de Nariño: un ritual que honra la cultura andina y que, acompañado de papas y ají de maní, sorprende por su sabor. A la mesa también llegan la trucha ahumada en 4 tipos diferentes de leña, el hornado de cerdo con “crispetas”, el frito pastuso con papas y crispetas, si eres amante de las papas, este entonces seria tu paraíso, las hay de todas las formas, colores y sabores, también para el frio los hervidos de frutas (con o sin licor) son excepcionales para el frio de la noche, y los famosos helados de paila si estas en la zona más “abrigada de Nariño, ideales para el calorcito de la tarde, la gastronomía rica y variada guarda la memoria agrícola de la región.

 

El Santuario de Las Lajas

En Ipiales, a 50 metros sobre el cañón del Guáitara, se levanta el imponente Santuario de Nuestra Señora de Las Lajas. De estilo gótico y con una iluminación que resalta al caer la noche, ha sido reconocido entre los templos más hermosos del mundo, allí podrás ver historia pura en sus contadas callecitas de casas coloniales, con artesanías del departamento, hasta deslumbrarte por la belleza de este templo, parada imperdible en tu visita al sur de Colombia.

 

Cultura, memoria y moda

El arte se respira en talleres como el de la maestra María Estella Cabrera, donde la paja de iraca de Sandoná se convierte en sombreros y carteras tejidas a mano, piezas únicas, al igual que los estilos de vestimenta de alta costura multicolor elaborados con conciencia respeto y ambiental como XZAE Boutique, referentes de la moda del sur occidente de Colombia. Carnaval de Negros y Blancos, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, reafirma la identidad cultural de un pueblo que late al ritmo de la música y la danza. En este recorrido, guías turísticos como los de AYLLU transmiten con pasión que Nariño no es solo paisaje, sino familia justo como el significado de su nombre.

 

Ospina: historia de una derrota

En Ospina, la memoria recuerda la derrota de Simón Bolívar frente a los pastusos, férreos defensores del realismo. Esa resistencia convirtió al Libertador en figura incómoda para generaciones, recordando que la historia también se escribe desde las voces que no siempre triunfan.

 

Reflexión final

Nariño es volcanes y lagunas, sabores y memorias, artesanía viva y hospitalidad. Viajar allí no es solo recorrer un territorio: es aprender de un pueblo que supo resistir, reinventarse y cuidar lo esencial, donde cada rincón guarda un susurro de tierra, cultura y eternidad.