El excanciller colombiano Álvaro Leyva Durán, quien ocupó ese cargo durante el actual gobierno de Gustavo Petro, intentó activamente conseguir apoyo en círculos cercanos a Donald Trump en Estados Unidos para promover la salida del presidente colombiano del poder. Según revelaciones obtenidas por EL PAÍS a través de grabaciones y fuentes cercanas a congresistas republicanos, Leyva sostuvo reuniones hace dos meses en Florida donde planteó un plan para forzar la renuncia de Petro.
En estas conversaciones, el exministro de 82 años -quien inicialmente fue una figura de confianza de Petro- describió al mandatario como una persona errática con supuestos “problemas de drogadicción”, asegurando poseer pruebas que lo inhabilitarían para ejercer la presidencia. Según una fuente que participó en estos encuentros, Leyva afirmó tener “todas las herramientas para ejecutar un plan” que llevaría a la vicepresidenta Francia Márquez a asumir el cargo.
Las grabaciones, que estuvieron en manos del servicio de inteligencia colombiano (DAS), capturan a Leyva argumentando que Petro no debería presidir las elecciones de 2026 y mencionando la necesidad de un “gran acuerdo nacional” que incluiría tanto a actores armados como no armados. En sus propias palabras: “Hay que sacar ese tipo… Es que aquí han venido los del Clan del Golfo, una vaina muy jodida. Este país va al despeñadero”.
Para llevar adelante este plan, Leyva y su hijo Jorge -quienes mantienen conexiones con el Partido Republicano- buscaron reunirse con figuras como el senador Marco Rubio y los congresistas Mario Díaz-Balart y Carlos Antonio Giménez. Sin embargo, según las fuentes consultadas, la Casa Blanca nunca consideró seriamente estas gestiones.
El presidente Petro, quien tuvo acceso a las grabaciones, reaccionó con enojo y acusó públicamente a su excolaborador de intentar un “golpe de Estado”. Ante estas revelaciones, Leyva viajó a Madrid, donde permanece actualmente, alegando motivos de seguridad. El excanciller se ha negado a responder a las preguntas de EL PAÍS sobre este asunto.
Estas revelaciones exponen no solo las profundas divisiones dentro del gobierno petrista, sino también los intentos de actores políticos colombianos por involucrar a figuras estadounidenses en asuntos internos del país. El caso podría reavivar debates sobre injerencia extranjera en la política colombiana, especialmente de cara al proceso electoral de 2026.

