Un bombardeo masivo ruso contra Ucrania este domingo empleó aproximadamente 500 drones y 40 misiles durante doce horas continuas, resultando en al menos cuatro fallecidos en Kiev -incluyendo una niña de 12 años- y más de 70 heridos en once regiones del país. El ataque, descrito por autoridades ucranianas como una “guerra contra civiles”, afectó predominantemente zonas residenciales e infraestructura energética.
El presidente Volodimir Zelenski condenó el ataque afirmando que “Moscú quiere seguir luchando y matando”, mientras relataba testimonios de sobrevivientes como Mark Serguéiev, cuyo apartamento fue impactado directamente: “El techo fue arrancado justo encima de la cama de mi hijo mayor”. En el distrito de Solomianski, equipos de rescate recuperaron el cuerpo de la menor fallecida entre los escombros de un edificio residencial.
La escalada generó respuestas internacionales inmediatas: Polonia desplegó cazas de forma preventiva para proteger su espacio aéreo, mientras la OTAN anunció el reforzamiento de vigilancia y medios en la región báltica. Zelenski mantuvo conversaciones con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y otros líderes europeos para fortalecer el programa de suministro de armas a Ucrania.
Rusia justificó los bombardeos como ataques a “empresas del complejo militar-industrial ucraniano”, aunque la evidencia en terreno muestra extensos daños a infraestructura civil. Simultáneamente, Moscú reportó el derribo de 41 drones ucranianos durante la noche, en medio de una escalada que según analistas marca una nueva fase en la estrategia ofensiva rusa.

