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Esposa de Miguel Uribe habla sobre su lucha por la vida y hace llamado a la unidad nacional

Desde la Fundación Santa Fe, donde el senador Miguel Uribe continúa en estado crítico tras el atentado del 7 de junio, su esposa María Claudia Tarazona se dirigió al país con un emotivo mensaje que combinó el dolor familiar con un llamado a la reconciliación nacional.

Con una voz cargada de emoción, Tarazona reveló que su esposo “sigue luchando por su vida”, sostenido por el amor de su familia y el apoyo de los colombianos. “Miguel es un guerrero, está anclado a la tierra por el amor de nuestro hijo, de nuestras hijas y de toda nuestra familia”, expresó.

La abogada describió el dolor que atraviesan: “Esto no se llama dolor, no se llama horror, no tiene nombre. Ninguna familia debería pasar por esto”. Con lágrimas en los ojos, compartió el momento más desgarrador: explicarle a su hijo de cuatro años que “su papá sufrió un disparo en la cabeza”.

Más allá de su drama personal, Tarazona elevó su voz para conectar con el dolor de todo el país. Hizo referencia a la ola de violencia que sacude a Colombia, incluyendo los 15 atentados recientes en el Valle del Cauca que dejaron dos civiles y dos policías muertos.

“El país está en guerra”, afirmó, haciendo un llamado urgente a todos los sectores: “A los grupos políticos, a los grupos armados, a cada rincón de Colombia: necesitamos sanar nuestro país”. Subrayó que la lucha de su esposo siempre fue por “la unión y por sanar un país en guerra”.

El mensaje, entregado tras el cuarto parte médico oficial, resonó como un potente llamado a la reconciliación nacional en medio de la creciente polarización. “Que los policías muertos no queden en vano”, pidió, transformando su dolor personal en un mensaje de esperanza colectiva: “Todo mi amor y esperanza para que construyamos juntos un propósito de vida, para que esta violencia no solamente cese, sino para sanar a Colombia”.

Concluyó agradeciendo el apoyo recibido: “Los admiro, los quiero, valoro y reconozco su trabajo”. Sus palabras, cargadas de dolor, pero también de fortaleza, dejaron claro que más allá de las diferencias políticas, el país comparte un mismo anhelo de paz.